Analgésicos opioides para el tratamiento del dolor en pacientes terminales

El dolor moderado que no responde a los analgésicos no opioides requiere progresar a un escalón superior de analgesia, por lo que se asociará su administración a la de un analgésico opioide débil. Los analgésicos más característicos de este grupo son la codeína, la dihidrocodeína y el tramadol.
La dosis oral recomendada de codeína es de 30 mg, asociada a 500 mg, de paracetamol o ácico acetil salicílico (AAS) cada 4-6 horas. Administrada regularmente cada 4 horas, la dosis equianalgésica de morfina es de 1/12; así, 120 mg, de codeína equivalen a 10 mg, de morfina (en potencia analgésica). La dihidrocodeína es un poco más potente que la codeína (4/3). Los principales efectos adversos de la codeína son estreñimiento (el más frecuente), náuseas y vómitos. En personas mayores puede producir, además, somnolencia o confusión. Aunque la codeína puede producir tolerancia y dependencia física, esta eventualidad no plantea problemas cuando se utiliza para tratar el dolor y menos a las dosis utilizadas habitualmente.
El tramadol es un analgésico opioide débil, cuyo mecanismo de acción es particular, ya que consigue su efecto analgésico no sólo como agonista, sino porque también incrementa las concentraciones de serotonina de la asta posterior de la médula. Por esta razón se le ha imputado una menor producción de estreñimiento, aunque genéricamente comparte los mismos efectos secundarios de los otros opioides. Las dosis recomendadas de tramadol son de 50-100 mg cada 8-6 horas por vía oral, disponiéndose de preparaciones para su administración parenteral y rectal.

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