Los anticonceptivos orales (ACO) ofrecen protección frente al embarazo no deseado, de forma temporal, eficazmente y con un elevado grado de aceptación entre las usuarias; para su buen uso es esencial valorar el índice riesgo/beneficio que para cada mujer significa su utilización.
Conviene realizar algunas consideraciones acerca de los ACO, dado el entusiasmo seguido de alarma que la introducción, en el mercado, de preparados de bajas dosis ha producido en distintos ámbitos profesionales: a) los ACO siguen constituyendo una medida profiláctica farmacológica, de uso diario; b) si bien los nuevos preparados parecen producir menos efectos secundarios, quedan pendientes por despejar algunas controversias importantes con respecto a posibles efectos a largo plazo en los diferentes órganos o sistemas corporales, así que hay que seguir observando las contraindicaciones, y c) al disminuir las dosis utilizadas es razonable pensar en que el capítulo de las interacciones pueda cobrar una dimensión distinta, de modo que las variaciones individuales farmacocinéticas puedan modificar las respuestas esperadas.
Por otro lado, es un hecho que las formulaciones de los ACO, desde los años sesenta hasta hoy han ido variando de tal modo que hoy su contenido en estrógenos es del orden del 80% menos del de entonces, mientras el de progestágenos ha disminuido en el 90% o más. Y tampoco hay que olvidar la posible morbimortalidad que pueden generar los propios cambios fisiológicos durante un embarazo y el desarrollo del parto.



