Si bien la heroína es, sin ninguna duda, el más famoso de los derivados mórficos utilizados por los drogodependientes, en este apartado nos referiremos al conjunto de las sustancias opiáceas. En la actualidad se estima que alrededor del 0,5% de la población consume derivados opiáceos regularmente.
Los opiáceos tienen una potente acción toxicomanígena (reforzadora de la autoadministración), según se ha demostrado experimentalmente. Su potencialidad adictiva parece claramente relacionada con sus acciones a nivel de receptores opiáceos endógenos. Son fármacos de vida media corta (2 horas), que se eliminan en un 90% por vía urinaria.
Por regla general se trata de individuos jóvenes con una mayor prevalencia en el sexo masculino. La edad de inicio se sitúa alrededor de los 16-20 años, siendo en nuestro medio raros los casos de inicio más tardío. Suelen ser pacientes que previamente han consumido otros tipos de drogas, especialmente derivados cannábicos, tabaco y grandes cantidades de alcohol.
Físicamente suelen ser pacientes caquécticos, siendo prácticamente patognomónica la existencia de venas esclerosadas y señales de inyecciones recientes en extremidades superiores e inferiores. La ausencia de las mismas, no obstante, no permite descartar la existencia de dependencia a opiáceos, puesto que en algunos casos la vía de administración es exclusivamente inhalatoria y, en otros, se inyectan en los lugares más inverosímiles: mucosa lingual, pliegue mamario, etc.



