Los corticoides son útiles en el tratamiento de la aspergilosis broncopulmonar alérgica y de la reactividad grave de la vía respiratoria, que pueden aparecer en niños con fibrosis quística.
Inicialmente parecía que el tratamiento prolongado de la neuropatía habitual de la fibrosis quística con un régimen a días alternos mejoraba la función pulmonar y reducía la frecuencia de hospitalización. Sin embargo, un estudio a doble ciego multicéntrico de cuatro años de duración sobre la utilidad de este régimen en pacientes con una neuropatía entre leve y moderada demostró que no tenía una gran eficacia y que se asociaba con efectos secundarios intolerables entre los que se destacan el retraso del crecimiento, cataratas y trastornos de la tolerancia a la glucosa para dosis de 2 mg/Kg o retraso del crecimiento para dosis de 1mg/Kg.
Los corticoides inhalados son, teóricamente, una opción atractiva, pero existen pocos datos sobre su eficiencia y seguridad. La administración de ibuprofeno de forma crónica (dosis ajustada para conseguir niveles pico de 50-100 mg/ml en el suero) consigue un importante retraso en la progresión e la enfermedad, sobre todo en pacientes jóvenes con formas leves de la misma. De todas formas también se han observado efectos adversos con los antiinflamatorios no esteroideos (AINE).



