Tienen un efecto tranquilizante o ansiolítico, el cuál siempre va acompañado de un efecto sedante, en general dosis-dependiente. El efecto sedante abarca el rango desde la sedación leve, la somnolencia, hasta la hipnosis.
Algunas benzodiazepinas (BDZ) se pueden administrar a dosis más elevadas y se utilizan como hipnóticos, por ejemplo el flunitrazepam (ROHYPNOL, PARNOX ).
También tienen un efecto anticonvulsivante (inhiben las convulsiones producidas experimentalmente en modelos animales), por lo que algunos de estos fármacos se utilizan fundamentalmente como antiepilépticos, por ejemplo clonazepam (RIVOTRIL).
Por último, las BDZ presentan también un efecto miorrelajante: son relajantes musculares centrales.
El hecho de que una BDZ se utilice preferencialmente para cierto uso y no para otro, es determinado por el marketing de los laboratorios, ya que todas las BDZ comparte todos estos efectos por igual. De acuerdo a la dosis en que administren predomina un efecto determinado.
El diazepam se acumula más en el organismo que el lorazepam. A ésto se agrega el hecho de que es capaz de producir un deterioro progresivo de los aspectos cognitivos y funcionales de los pacientes ancianos, llevando a un estado de confusión que puede simular una demencia.
También produce una relajación muscular acentuada, asociada a una pérdida de la estabilidad y la coordinación, que puede condicionar caídas en los pacientes mayores, aumentando el riesgo de fracturas de caderas en esta población.



