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Inducción farmacológica del trabajo de parto

El progreso del trabajo de parto debe ser controlado mediante el partograma. Si aquél evoluciona con normalidad no tiene que administrarse oxitocina ya que su utilización no está exenta de riesgos. De necesitarse indicar oxitocina, este trabajo de parto será diagnosticado en forma inmediata como de alto riesgo y su control estará a cargo del/de la Ginecotocólogo/a. La indicación más frecuente de esta droga es cuando existe distocia de la dinámica uterina que no permite el progreso de la dilatación y el descenso de la presentación, o cuando se debe inducir el trabajo de parto ya que no ha comenzado el mismo en forma natural.
La administración de oxitocina siempre se hará por vía endovenosa y en perfusión continua con bomba de infusión, de manera que pueda ser suspendida de forma inmediata en cualquier momento y que la posibilidad de disparos del goteo sea mínima. Si no se dispone de bomba de infusión, algún integrante del equipo de salud deberá permanecer en forma continua al lado de la mujer. Se diluirá una ampolla de 5 UI en 500cc de suero glucosado al 5%, y se comenzará a 12ml/h. Posteriormente se duplicará la dosis cada 20 minutos hasta alcanzar la actividad uterina deseada (existen otras formas de aumentar la dosis).
Otra forma de inducción del trabajo de parto, fundamentalmente cuando el cuello uterino no se encuentra maduro, es mediante la colocación intravaginal de Prostaglandinas.
En el caso de cesárea previa, la utilización de prostaglandinas está contraindicada, y el uso de oxitocina se aconseja solamente con índices de Bishop >6 con consentimiento informado.

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