Es posible que los inmunosupresores más eficaces de uso clínico corriente sean los inhibidores de calcineurina, ciclosporina y tracolimús, cuya acción se orienta a las vías de señales intracelulares, inducidas como consecuencia de la activación de receptores de células T. No guardan relación estructural y se unen a diferentes “blancos” moleculares aunque afines, pero comparten los mismos mecanismos de acción (ciclosporina y tacrolimús) en la inhibición de la transducción normal de señales de linfocitos T.
La ciclosporina y el tacrolimús no actúan por sí mismos como inmunosupresores. Por el contrario, estos medicamentos se unen a una inmunofilina, que lleve a la interacción subsecuente con calcineurina para bloquear su actividad de fosfatasa.
Se necesita la desfosforilación catalizada por calcineurina para que penetre al núcleo un componente del factor nuclear de los linfocitos T activados. A su vez, se necesita NFAT para la inducción de diversos genes de citocinas, incluida la interleucina 2 (IL-2) , que es un factor prototípico de proliferación y diferenciación de linfocitos T.
La ciclosporina puede administrarse por vía intravenosa u oral. La preparación para usar por la vena se expende en la forma de solución es un vehículo de aceite de ricino polioxietilado-etanol, que hay que diluir todavía más en una solución cloruro de sodio al 0,9% o glucosada al 5% antes de inyectarla.


