El diagnostico y tratamiento temprano de los trastornos convulsivos con un solo medicamento apropiado ofrecen las mayores probabilidades de lograr periodos prolongados libres de convulsiones, con el riesgo más bajo de intoxicación. Debe hacerse lo posible por identificar la causa de la epilepsia, con el fin de descubrir una lesión corregible, sea estructural o metabólica.
La combinación de su eficacia con sus efectos no deseados en lo referente a un producto en particular son los elementos que rigen el carácter óptimo de un producto, sobre todo en un individuo en particular.
El primer problema que surge es si debe iniciarse tratamiento o no, y cuándo. Por ejemplo, quizá no sea necesario iniciar terapéutica anticonvulsiva después de una crisis tonicoclónica aislada en un adulto joven saludable sin antecedentes familiares de epilepsia y en quien el examen neurológico, el EEG, y la resonancia magnética del cerebro resultan normales. Es decir, las probabilidades de recurrencia de las crisis convulsivas en el transcurso del año siguiente (15%) se aproximan al riesgo de una reacción farmacológica cuya gravedad basta para justificar que se suspenda el medicamento.



