La adrenalina puede producir reacciones adversas muy molestas como miedo, ansiedad, tensión, inquietud, cefalalgia pulsátil, temblor, debilidad, mareos, palidez, dificultad para respirar y palpitaciones. Estos efectos desaparecen pronto con el reposo, un ambiente tranquilo, el decúbito y la tranquilización. Los individuos hipertiroideos e hipertensos son particularmente sensibles a las reacciones adversas y presoras de la adrenalina.
En individuos psiconeuróticos, los síntomas existentes se agravan, en muchos casos de manera notable, con la administración de este fármaco. Reacciones de mayor gravedad son hemorragias cerebrales y arritmias cardíacas. El empleo de grandes dosis o la inyección intravenosa rápida accidental de adrenalina pueden culminar en hemorragia cerebral, a causa de incrementos agudo de la presión arterial.
Han ocurrido hemorragia subaracnoidea y hemiplejia incluso después de una dosis subcutánea de 0,5 ml de solución al 1:1000. Los vasodilatadores de acción rápida, como nitritos o nitroprusiato sódico, pueden contrarrestar los efectos presores notables de las grandes dosis de adrenalina; en estos casos suelen ser también útiles los bloqueadores alfa-adrenérgicos.
Quizá se presentan arritmias ventriculares después de la administración de adrenalina. Es más probable que sobrevenga fibrilación si el fármaco se emplea durante la anestesia con fármacos del grupo de los hidrocarburos halogenados, o en los individuos con enfermedad cardíaca orgánica.



